Mientras hay quienes trabajan por llevar expediciones a Marte o muchos que se centran en conocer más acerca del mundo extraterrestre, otros dedican su esfuerzo por desvelar algunos de los secretos que todavía hoy oculta el planeta Tierra.

En ese sentido, los mares y océanos son una de las mayores fuentes de información. Porque, si bien todavía en terreno seco quedan numerosos lugares inexplorados, no hay que olvidar que el agua cubre aproximadamente el 70% de la superficie de la Tierra y los océanos contienen alrededor del 96,5% de la misma.

Es interesante considerar que si nuestro planeta se secase, lo que quedaría a la vista sería un territorio parecido al que conocemos, con multitud de accidentes geográficos habitados por una fauna y flora características.

Ahora bien, es precisamente el agua lo que dificulta su exploración ya que el cuerpo humano, por sus características fisiológicas, no está preparado para sumergirse a determinadas profundidades. Y ahí entra en juego la necesidad de emplear tecnologías, como drones submarinos cada vez más desarrollados, que hagan posible ese trabajo.

Y no es que los científicos no se conforman con estudiar los lugares a los que tienen acceso es que, precisamente, son las zonas más alejadas y profundas las que esconden la vida más fascinante. Algo que, una vez más, no se debe a la casualidad sino al hecho de que las condiciones de temperatura, presión o luz que se dan en esos espacios sean diferentes a las de profundidades mucho menores y por tanto las características de los seres que las habitan también difieren.

Las zonas más profundas de los mares son conocidas como fosas marinas y no son otra cosa que estrechas y profundas franjas hundidas en el lecho marino. La fosa marina más profunda del mundo es conocida como Fosa de las Marianas y su punto más profundo, con 10.911 metros por debajo del nivel del mar, se denomina Challenger Deep. En segundo lugar está la Fosa de Tonga con 10.882 metros en el Horizon Deep. Debido a su posición, en el océano Pacífico y en área de placas tectónicas, se cree que cada año se siguen hundiendo en torno a 20 centímetros.

Exploración subacuática

En las últimas décadas el desarrollo de nuevas tecnologías submarinas está permitiendo acceder con mayor precisión a estas zonas tan desconocidas e interesantes para la ciencia.

En 1984, el Instituto Francés de Investigación para Ciencias Marinas, puso en marcha un submarino de aguas profundas, denominado Nautile (en referencia al que Julio Verne imaginó para su  famosa obra ‘Veinte mil leguas de viaje submarino’) el cual puede alcanzar una inmersión de hasta 6.000 metros, lo que permite explorar el 97% del fondo del mar.

Este submarino en miniatura está diseñado para transportar a tres personas, pesa alrededor de 19,5 toneladas y mide 8 metros de largo, 2,7 metros de ancho y 3,8 metros de altura. En el tiempo que lleva funcionando ha realizado más de 1.500 acciones tanto de exploración científica como para empresas petroleras, expediciones arqueológicas, operaciones militares e incluso con equipos de televisión o en misiones de salvamento de restos de aeronaves hundidas y como parte del equipo que exploró los restos del famoso Titanic.

James Cameron & Deepsea Challenger
James Cameron & Deepsea Challenger

Quizá el descenso más famoso a las profundidades fue el que realizó y financió el reconocido director de cine James Cameron: el 26 de marzo de 2012 descendió hasta los 10.908 metros, una profundidad nunca antes alcanzada por el ser humano en solitario, y todo quedó recogido en la película documental Deepsea Challenge 3D.

El reto arrancó desde el inicio ya que no existía ningún vehículo capaz de alcanzar esas distancias por lo que su única opción fue fabricarlo. La misión fue ardua pero desde 2005 su equipo diseñó y desarrolló dispositivos de iluminación, baterías y pesas: sistemas únicos y específicamente pensados para aguantar ocho toneladas por pulgada cuadrada de presión.

Esos sistemas le permitieron llegar al fondo de la fosa, donde la vida es supuestamente inviable, pero de la que el director de Avatar consiguió extraer, gracias a un complejo brazo robótico, rastros de bacterias jamás antes obtenidas (Las más profundas que se habían encontrado hasta el momento estaban a unos 5.000 metros) y además, las muestras tomadas a lo largo de su inmersión han permitido identificar 68 nuevas especies de seres vivos.

Nadie había vuelto a la Fosa de las Marianas desde que llegara por primera vez el ejército de Estados Unidos en 1960 a bordo del batiscafo Trieste, tripulado por Jacques Piccard y Don Walsh, con el que descendieron hasta los 10.900 metros, ocho menos que el Deepsea Challenger.

Las aportaciones al mundo de la ciencia por parte del trabajo de James Cameron y su equipo no se limitaron a lo ya mencionado sino que además decidieron donar a la Institución Oceanográfica Woods Hole todos los planos y diseños que habían desarrollado gracias a fondos privados para que cualquier entidad pueda beneficiarse ahora libre y gratuitamente de ellos.

La tecnología necesaria para este tipo de estudios e incorporada a los vehículos submarinos, incluye sistemas sónar que permiten la exploración del medio o su posicionamiento a través de ondas; sensores que registran datos de temperatura, velocidad, profundidad, dirección del recorrido, etc. Además incorporan luces, cámaras de vídeo, brazos robóticos, dispositivos de sujeción bajo el agua, etc. Obviamente, dependiendo de la expedición, se emplean un tipo de drones u otros y las características de los mismo varían dependiendo de las necesidades requeridas.

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