Cuando Julius Bernhard Friedrich Adolph Wilbrand inventó el TNT no imaginaba que se terminaría usando con fines bélicos. De hecho, inicialmente se usaba como colorante amarillo-ocre para teñir. El ejército alemán lo adoptó para sus proyectiles de artillería en 1902 y se utilizó de manera destacada durante la II Guerra Mundial.

 

Caso más llamativo si cabe es el de Alfred Nobel, inventor de la dinamita y creador de los famosos premios a los que da nombre. Parece ser que su conciencia no pudo soportar la devastación creada por su invento y decidió invertir la fortuna obtenida a su costa en promover los avances científicos.

 

Y es que a veces la ciencia, que en un principio avanzó con objetivo civil, termina encontrando un hueco en el mundo militar. Aunque también ocurre al contrario. Así inventos como el GPS o los microondas fueron inicialmente pensados para uso bélico, pero ahora nos sirven a todos.

 

Los submarinos, que inicialmente se utilizaban para la exploración submarina, han terminado por convertirse en una de las armas de destrucción que más preocupan a algunos gobiernos. Estos días se está pudiendo comprobar con la búsqueda del submarino ruso Kazan (K-561), perdido en el Atlántico, que está causando furor y preocupación entre los países de la OTAN los cuales han desplegado decenas de buques y aviones de reconocimiento con el fin de localizarlo, sin que hasta el momento lo hayan conseguido.

 

y suelen funcionar en áreas de recreo tropicales o en otras zonas con aguas claras y buena visibilidad. En su mayoría tienen una capacidad de entre 25 y 50 pasajeros, llegando a efectuar diez o más inmersiones diarias.

 

A nivel militar un referente importante es el conocido submarino Peral que, si bien no era el primer buque que navegaba en inmersión, en su momento su construcción suponía una novedad para la época al estar propulsado por energía eléctrica.

 

ISAAC PERAL EN UN RETRATO DE GAMONAL REALIZADO EN 1918.

 

Tras la crisis de las Carolinas en 1885, el científico y teniente de navío de la Armada, Isaac Peral (nacido en Cartagena) se consideró en la obligación de comunicar a sus superiores que había resuelto definitivamente el reto de la navegación submarina. Tras un riguroso análisis de su proyecto por los más cualificados científicos de la Escuela de Ampliación, éstos dieron su aprobación para que fuese trasladado al ministro de Marina, Manuel de la Pezuela, quien recibió el proyecto con caluroso entusiasmo.

 

El ministro autorizó la construcción del aparato por Real Orden de 4 de octubre de 1886, con un crédito inicial de 25. 000 pesetas. En abril del año siguiente, el nuevo ministro de marina, Rafael Rodríguez de Arias, autorizó la construcción.

Gracias al apoyo de la reina regente María Cristina, que tenía buenos conocimientos marineros, el submarino fue finalmente botado, con gran expectación, el 8 de septiembre de 1888.

 

 

El submarino Peral tenía una forma muy similar a la de un cigarro puro y fue construido en acero. Contaba con diferentes compartimentos estancos además de una torre óptica que contaba con dos funciones: visualizar a los buques de superficie mientras estaba sumergido y efectuar ataques mediante el lanzamiento de torpedos a través del tubo de lanzamiento situado a proa del sumergible. La inmersión se producía inundando los lastres que estaban localizados en los dobles fondos de proa y popa, y en el centro del buque, por lo que de esta forma se conseguía el ajuste de pesos y equilibrio.

 

La principal diferencia del submarino Peral con los modernos submarinos era que no tenía a bordo la fuente primaria de potencia; las baterías tenían que ser cargadas desde tierra o desde un buque nodriza, lo cual limitaba su radio de acción. Además de los tanques de aire comprimido para la respiración, tenían también un ‘pulmón artificial’; esto era un recipiente de sosa cáustica a través del cual se hacía pasar el aire viciado para quitarle el bióxido de carbono y la humedad. También llevaba unas bombas para descargar el aire contaminado al exterior.

 

Cierto número de instrumentos y manómetros de las torretas de los submarinos que se utilizaron en la I y II Guerras mundiales se encontraban ya en el Peral y la mayoría de ellos fueron concebidos o inventados por el cartagenero.

 

El submarino incorporaba un sistema de visión que parecía ser la combinación de un periscopio y una cámara oscura, una corredera eléctrica, un terminador de distancia, manómetros de profundidad e inclinómetros. La brújula magnética, teniendo en cuenta que estaba completamente rodeada de hierro, tenía una compensación magnética especial, concebida por el inventor, llevaba la aguja en una cúpula de bronce que no distorsionaba el campo magnético terrestre, resolviendo así el problema de orientarse en inmersión. La aguja se observaba desde el puesto de gobierno gracias a un sistema de espejos articulados ideado por Peral, que se siguió utilizando hasta después de la I Guerra Mundial (precisamente llevaban este revolucionario sistema las primeras unidades de la flotilla española de 1917). El buque llevaba también ocho toneladas de agua en los lastres, para estabilidad solamente, no para hacer inmersión.

 

El coste toral de la construcción del submarino ideado por Peral fue de trescientas mil pesetas y sin duda era el tipo de buque de guerra que podía haber llevado a la Marina española a ser de las más potentes del mundo. Si España hubiese ido adelante en la construcción de cuarenta o cincuenta sumergibles, hubiera supuesto un problema para las otras naciones.

 

Sin embargo, a pesar del éxito de las pruebas de la nave, las autoridades del momento desecharon el invento y alentaron una campaña de desprestigio contra el inventor, al cual no le quedó más remedio que solicitar la baja en la Marina e intentar aclarar a la opinión pública la verdad de lo sucedido. Finalmente, el inventor falleció a causa de un cáncer de piel en 1895.

 

 

El 15 de diciembre de 2012 el submarino Peral se trasladó a una sala del arsenal militar, dependiente del Museo Naval de Cartagena, para su restauración; siendo inaugurada y abierta al público en septiembre de 2013.

 

Volviendo a los orígenes del submarino, en Nido Robotics apostamos por el desarrollo de vehículos sumergibles controlados de manera remota con fines científicos y de exploración submarina porque el fondo del mar sigue siendo un gran desconocido con más del 95% de su territorio inexplorado.

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