Poco o nada nos extraña saber que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, haya firmado una nueva ley que autoriza una mayor partida de financiación para la NASA, la cual tiene entre sus próximas metas el envío de una misión tripulada a Marte. La agencia espacial americana va a contar con 19.500 millones de dólares de financiación para el próximo año fiscal, a partir de octubre de 2017, según NBC News.

 

La mirada del hombre hacia el exterior, en busca de un mayor conocimiento de lo que ocurre fuera de nuestras fronteras, ha sido algo generalizado a lo largo de la historia. Mientras, todavía en el Planeta Tierra quedan numerosos rincones por descubrir y si hay un lugar desconocido por excelencia ese son los océanos.

 

El estudio de las profundidades marítimas de la Tierra es igual de importante que la exploración del espacio y en este sentido los drones submarinos son una herramienta idónea. Más del 70% de la superficie del planeta está cubierta por agua. Los mares y océanos albergan una enorme cantidad de recursos naturales y minerales, grandes reservas de energía y multitud de elementos que, sin duda, pueden contribuir a numerosas actividades socioeconómicas al igual que al avance de la ciencia y el desarrollo de la sociedad.

 

Los vehículos no tripulados, como los que se suelen ver recorriendo otros planetas, son uno de los grandes apoyos necesarios para la exploración submarina. Su uso garantiza la seguridad de las personas y ofrece la posibilidad de recoger muestras, tomar imágenes o acceder a lugares recónditos, entre otras bondades.

 

Los drones submarinos – llamados así por extensión de lo aéreos – son realmente denominados como ROV, de su acrónimo en inglés Remote Operated Vehicle (Vehículo Operado Remotamente). Son controlados desde la superficie  por medio de un cable ‘umbilical’ a través del cual se transmiten las órdenes. Se trata de sistemas muy manejables y con múltiples posibilidades de operabilidad. Suelen incorporar cámaras de video y fotografía pero se pueden hacer tan complejos como se desee, llegando a incluir sónares, GPS, brazos manipuladores y todo tipo de sensores.

 

Por lo general, todos los equipos ROV están compuestos por un vehículo, conectado a través del cable umbilical al centro de control y los operadores de superficie; un sistema de manejo para controlar la dinámica del cable; un sistema de lanzamiento y un sistema proveedor de energía. La importancia del ‘umbilical’ es primordial ya que a través del mismo el dron recibe la energía y los comandos de control así como el estado y los datos de los sensores de regreso para el centro de control.

 

Por tamaño, los ROV se pueden clasificar en tres tipos: micro-Rov, mini-Rov y Rov. Los micro-Rov pesan menos de 3kg, son altamente maniobrables, cuentan con iluminación para inspecciones nocturnas o en condiciones de poca luminosidad y permiten operaciones a baja profundidad (hasta 50 metros). Este tipo de vehículos se suelen emplear en la inspección de pantanos, puertos marítimos, etc.

 

En el caso de los mini-Rov, su peso puede alcanzar los 15kg y operan en profundidades acuáticas de hasta 300 metros. Los últimos avances en tecnologías relacionadas con los sistemas de alimentación eléctrica han permitido grandes mejoras en su desarrollo dado que lleva asociado un incremento de su independencia, rendimiento y capacidad de alcanzar una mayor profundidad. El principal uso de estos drones es en observación e inspección de fondos.

 

Por último, los Rov permiten operaciones de lo más variopintas. También manipulados desde la superficie, incorporan todo tipo de sensores y tecnología, adaptada a las necesidades de la misión para la que se proyecten. Pueden alcanzar grandes profundidades (varios kilómetros), contar con varios brazos manipuladores y una elevada capacidad de carga.

 

Se trata de drones con grandes posibilidades. A nivel científico se emplean para el desarrollo de mapas del suelo marino, muestreo geológico o toma de muestras e imágenes, por mencionar algunos usos. Desde el punto de vista militar, los vehículos submarinos no tripulados permiten reconocer rutas  a seguir o zonas cercanas, desarrollar búsquedas y rescates en combate, eliminar minas submarinas, actuar como soporte de preparación del campo de batalla, etc.

 

También se plantea el uso de ROVs en pesca, en control de la contaminación o la limpieza del océano. En general.as aplicaciones son múltiples y muy variadas, a pesar de que las dificultades del medio también lo son. Por ejemplo, la alta dinámica y la naturaleza del ruido submarino, la falta de referencias geográficas o la limitación de comunicaciones por efecto del agua.

 

Lo cierto es que a día de hoy se trabaja en mejorar las características y oportunidades de los drones submarinos. Empresas como Nido Robotics, emplazada en Murcia (España) tienen claro el enorme potencial de estos sistemas y ya colaboran con otras empresas privadas y centros de investigación públicos para  optimizar los sistemas e implementarlos.

 

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